¿Qué es un astrocitoma y por qué importan los grados?
Un astrocitoma se desarrolla a partir de los astrocitos que nutren y protegen el cerebro, y su comportamiento lo determina su «grado». En la clasificación actual, los astrocitomas suelen graduarse de bajo a alto (grado 2, 3 y 4) dentro del grupo que porta una mutación del gen IDH; los tumores sin mutación de IDH que se comportan como un glioblastoma se tratan en una categoría aparte. Un astrocitoma de bajo grado crece despacio, puede dar síntomas a lo largo de años y se ve a menudo en personas jóvenes; un astrocitoma de alto grado crece rápido y exige un tratamiento más agresivo. Decir «tengo un astrocitoma» no es por tanto suficiente información por sí solo; lo determinante es el grado del tumor y su perfil molecular. Esta información solo se aclara examinando el tejido obtenido en la cirugía o la biopsia.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas de un astrocitoma varían según el grado, el tamaño y la localización del tumor. En los tumores de bajo grado el primer signo más frecuente es una crisis epiléptica que aparece en una persona sin otra molestia; también pueden surgir una cefalea de progresión lenta, una leve pérdida de fuerza o dificultad para hablar. En los tumores de alto grado los síntomas aparecen y empeoran más rápido. La resonancia cerebral con contraste es la herramienta básica del diagnóstico; un astrocitoma de bajo grado suele verse como un área que no realza o realza poco, mientras que uno de alto grado aparece como una masa con realce irregular y edema circundante. La resonancia de perfusión y la espectroscopia por RM ayudan a predecir el grado, pero el diagnóstico y el grado definitivos solo se hacen por el examen patológico y molecular.
El lugar de la cirugía: la «resección máxima y segura»
El primer y a menudo más importante paso en el tratamiento del astrocitoma es la cirugía. El objetivo es extirpar el tumor lo más ampliamente posible preservando el tejido cerebral funcional (habla, movimiento, visión) — es la «resección máxima y segura». El volumen de tumor extirpado influye favorablemente tanto en el control de las crisis como en el curso de la enfermedad, sobre todo en el astrocitoma de bajo grado e IDH mutado. Para tumores cercanos a áreas funcionales, técnicas como la craniotomía despierta, la neuronavegación, la resonancia funcional y la tractografía DTI mapean las zonas de riesgo y mejoran la seguridad. Otro objetivo crítico de la cirugía es obtener tejido suficiente y de calidad para un diagnóstico molecular correcto, porque el resto del tratamiento se moldea según estos resultados. Para tumores profundos no operables se realiza una biopsia diagnóstica.
Tras la cirugía: ¿qué tumor necesita tratamiento adicional?
El tratamiento tras la cirugía lo determina el grado del tumor y sus características moleculares. En algunos astrocitomas de bajo grado completamente resecables en un paciente joven, un seguimiento estrecho con resonancia puede bastar; en tumores de bajo grado resecados de forma incompleta o de alto riesgo, se añade radioterapia seguida de quimioterapia (por ejemplo PCV o temozolomida). En los astrocitomas de alto grado el estándar es la radioterapia y la quimioterapia tras la cirugía; en los tumores IDH no mutados que se comportan como un glioblastoma, el tratamiento es más intensivo. El plan se establece siempre en un comité multidisciplinar donde el neurocirujano, el oncólogo radioterapeuta y el oncólogo médico evalúan juntos. Durante el tratamiento se mantienen con regularidad el control de las crisis, la imagen de seguimiento y la vigilancia neurológica.
Expectativas realistas
El curso de un astrocitoma varía en un rango muy amplio según el grado del tumor y el estado de IDH, de modo que formular una sola expectativa sería engañoso. En el astrocitoma de bajo grado e IDH mutado, una buena calidad de vida durante muchos años puede ser posible con una cirugía y un seguimiento apropiados; sin embargo, como estos tumores pueden subir de grado con el tiempo, el seguimiento es de por vida. En el astrocitoma de alto grado e IDH no mutado el curso es más difícil, y el objetivo es mantener la enfermedad bajo control preservando la calidad de vida. En ningún caso se promete un resultado garantizado; las expectativas se comparten abiertamente con el paciente y la familia una vez conocidos el grado real y el perfil molecular del tumor. Una información correcta y honesta es parte inseparable del proceso de tratamiento.